La Condicion Moderna
Sobre la condición Moderna
Diego del Castillo
En Grecia Antigua, se pensaba en las cosas naturales como seres inmortales, ellas siempre estuvieron presentes. Nadie creó la naturaleza (ni siquiera los dioses), y según Arendt, era poco probable de que se olvide a la naturaleza (siempre estuvo allí). Las cosas naturales eran un hecho. Arendt describe a este modelo de existencia como un círculo (no tiene ni comienzo ni final). Los seres humanos son los únicos seres conscientes de su propia mortalidad. En otros términos, los humanos son los únicos seres que "mueren" y la muerte es característica de nuestra humanidad "porque los animales sólo existen como miembros de su especies, no como individuos"¹. Esta condición de conciencia puede caracterizarse por una línea (con un fin y un principio definidos) en contraposición del círculo inmortal de la naturaleza.
Las cosas hechas por el hombre, violentamente cortan a través de este círculo, produciendo una interrupción del movimiento perpetuo circular de la naturaleza. "La materia de la historia eran (son) estas interrupciones - lo extraordinario".
Estas cosas construidas que viven más allá de sus "fabricantes" sirven como una referencia identificable en una existencia lineal. Esta referencia para la posteridad, reemplaza la existencia lineal de su creador por una existencia circular, transformándolo temporalmente en un dios. La cosa construida perdura y se vuelve reconocible en una sociedad específica, comportándose así de la misma manera como la naturaleza lo hace (la línea imita al círculo).
Las cosas hechas por el hombre se vuelven críticas en la afirmación de nuestra humanidad. Según Marx, el hombre (como concepto) fue creado por la labor, lo que significa que "hacer" es un aspecto crítico de la humanidad. Nosotros hacemos, entonces nosotros somos humanos. Haciendo, (hablando clásicamente) nosotros podemos aproximar el universal permitiéndonos así la posibilidad de volvernos inmortales. “Hacer” es el único aspecto de nuestra humanidad que garantiza la posibilidad de libertad. Esto es sólo posible cuando el reino político (el que dicta de que cosas hacemos y como se supone que deben de ser usadas) es un elemento fijo. Pero no lo es (porque es humano). El reino político y el reino fabricado son inseparables y así son responsables el uno del otro.
La condición moderna precisamente es determinada por un compromiso histórico porque propone un caso contra la tradición. Tradicionalmente, el reino del hacer (como lo hemos visto antes) intentaba acercarse al "universal" (esta filosofía se gestó en el mundo de las ideas de Platón). Desde que la condición moderna niega este ideal platónico, el fabricante, se vuelve responsable del universo político del objeto hecho. La historia se constituye por las cosas hechas y todavía la condición moderna está haciendo cosas; está construyendo su historia, esta fabricando su propia tradición. Es una tradición contra la tradición (la modernidad es una tradición contra sí misma).
Esta aserción implica que la condición moderna se focaliza en el proceso del hacer ya que el ideal (o la meta, lo universal) se ha reemplazado por una crítica de sí misma. Esto es críticamente ejemplificado cuándo Arendt pregunta "para que luchamos? " en lugar de "contra que luchamos? " porque la meta de la modernidad no es un ideal claro (es simplemente sobre el futuro).
Al principio, la búsqueda de tecnologías se pensó como un ideal digno, pero nosotros hemos visto que ahora la tecnología tiene que ser así responsable por sí misma; el ideal (el universal) se vuelve humano.
La modernidad es de hecho un constante esfuerzo de superar el pasado. Es una batalla entre el pasado y futuro que la humanidad constantemente media. Franz Kafka describe esta batalla en la parábola siguiente:
“Él tiene dos antagonistas: el primero lo presiona desde atrás, del origen. El segundo bloquea en el camino delante. Él da la batalla a ambos. Para estar seguro, el primero lo apoya en su lucha con el segundo, porque él quiere empujarlo hacia adelante, y de la misma manera el segundo lo apoya en su lucha con el primero, ya que él lo jala hacia atrás. Pero esto es solo en teoría. Porque no solo los dos antagonistas están ahí, pero él también, y quién realmente sabe sus intenciones? Su sueño sin embargo, es que en alguna oportunidad en un momento indefenso… saltará fuera de la línea de lucha, a la posición de árbitro encima de sus antagonistas. “
Esta parábola pinta el panorama moderno actual claramente. La humanidad, pintada aquí por el mediador. Es el responsable por controlar las fuerzas del pasado y el futuro, pero depende de ambos contrapesar la fuerza del otro. De esa manera, la Modernidad depende del pasado para poder hacer algo para el futuro (Arendt probablemente pregunte: Qué futuro?). A pesar de ello el pasado tiene un rol crítico en la condición moderna ya que la condición moderna constantemente fabrica su propio pasado.
Esta parábola se pone interesante cuándo el mediador (la humanidad) sueña en salir de la batalla. Si su sueño se hace realidad, que le pasaría a las fuerzas? ¿Se derrumbarán entre sí? Quedarían despedazados en pedazos no discernibles? Todavía estas preguntas permanecen sin contestar ya que la humanidad es incapaz de tomar la posición al lado de una condición lineal. Nosotros estamos condenamos a simplemente poder especular sobre repercusiones de este sueño.








